junio 2, 2020

Críticas: La imagen perdida

La imagen perdida - Cinema ad hoc

Camboya, memoria y cine.

El camboyano Rithy Panh tenía once años cuando los Jemeres Rojos expulsaron a todos los habitantes de la ciudad de Phnom Penh, en la que vivía. Como tantos miles de personas, fue internado en uno de los múltiples campos de reeducación en los que, ante la profunda impotencia de su joven mirada, la población fue despojada de toda su dignidad. Panh huyó durante la invasión vietnamita varios años después, cuando ya era el único superviviente de su familia, y empezó a estudiar cine en Francia con una obsesión: recuperar la imagen que pueda testificar la horrenda experiencia que sufrió y por la que aún se encuentra marcado a fuego. Su filmografía propone una reconstrucción de la historia reciente de un pueblo devastado, del cual es además el único cineasta que ha trascendido. Como hijo y testigo directo del horror, ha explorado la tragedia que vivió su país y las consecuencias que ha dejado en la sociedad actual. Pero no ha sido hasta ahora cuando ha expuesto su historia particular, lo que supuso personalmente para él enfrentarse a la expresión más descarnada de la aberración humana.

La imagen perdida (2) - Cinema ad hoc

En uno de sus trabajos anteriores, S-21: La máquina roja de matar (2003), los verdugos de entonces regresaban a la escena del crimen para exponer con la frialdad que otorga la distancia temporal sus siniestros procedimientos. La imagen perdida, totalmente opuesta en su premisa, también parte de unos presupuestos encomiables. La imposibilidad de encontrar oficialmente la estampa del horror que tanto obsesiona a Panh le lleva a plantearse su labor como cineasta, incluso esa exploración que ha desarrollado durante toda su trayectoria. Y llega a la conclusión de que la búsqueda de ese reflejo debe convertirse en la imagen de su rastreo interior, el registro y salvación de una Historia que le destruyó personalmente y también formó la semilla de su carrera cinematográfica. Así, el director, del que únicamente vemos en pantalla sus manos, reconstruye sus recuerdos a través de figuras manuales de barro, que representan a todas las personas que vivieron la tragedia de ser despojadas de todo lo que tenían, privadas del bullicio de sus calles y la celebración de la vida, hasta verse reducidas a un mero instinto animal de supervivencia. La comprensión y el reconocimiento de la experiencia personal sustituyen al olvido que trató de instaurar el Régimen.

La imagen perdida (3) - Cinema ad hoc

La imagen perdida ofrece una narración modélica, que sabe contraponer las marcadas imágenes de archivo con la reconstrucción impoluta de los recuerdos que asedian al cineasta. De su combinación extrae una belleza totalmente inusual, similar a la que reinaba en su país antes de la llegada de Pol Pot al poder. Una nación y una sociedad profundamente imperfectas debido a su propia condición humana, de la que los Jemeres Rojos pretendieron renegar buscando un ideal del todo descabellado. El talento cinematográfico nos permite ahora retroceder y viajar hasta la Camboya de los 70; fatigarnos en su barro, sentir la vitalidad de su música y también la desolación del confinamiento.

De repente, Panh consigue trascender la crudeza de la meritoria indagación personal para obtener una de las más lúcidas reflexiones sobre el poder del cine, y de la búsqueda que permite, que se recuerdan en los últimos tiempos. La inmensa mayoría de las personas reflejadas en esas figuras de barro han desaparecido, pero las imágenes que ha creado para contar su historia van a permanecer, incluso cuando él ya no esté y quizá ningún cineasta se ocupe de la memoria de su pueblo. Es más, le ofrecen la posibilidad de volver a la vida tras una experiencia que le quitó todo, de retornar a lo que había antes del genocidio ideológico y de moldear lo que quedó después.

La imagen perdida (4) - Cinema ad hoc

Como receptores, creemos poseer todas estas imágenes por el hecho de haberlas visto. ¿Es posible comprender la magnitud de la tragedia a través de ellas? ¿Se nace víctima o verdugo? Quizá la Kampuchea Democrática de Pol Pot también fuera una imagen de la realidad que él buscaba, la abstracción de una sociedad agraria que cristalizó en la pesadilla que inhibió el sentimiento de todo un pueblo. Toda revolución implica cine, música, imágenes. A través de cada bobina y cada muñeco, Rithy Panh desempolva una brillante reflexión y prosigue una búsqueda de dudosa respuesta. Porque a partir de ahora serán las imágenes, las creadas a partir de sus recuerdos y las reconstruidas, las que no cesen de perseguir al espectador de su mejor trabajo hasta la fecha.

La imagen perdida (5) - Cinema ad hoc

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