octubre 13, 2020

Entrevistas: Juliano Ribeiro Salgado

Juliano Ribeiro

Hablamos con el codirector de La sal de la tierra.

Juliano Ribeiro Salgado es el hijo de Sebastiao Salgado y el codirector del documental que estudia la vida y la obra de su padre, La sal de la tierra, una de las películas del día del Zinemaldia. Como siempre la cita fue en el Hotel María Cristina y aquí os lo contamos todo.

¿Cómo surgió la idea de hacer la película?

Juliano Ribeiro: Fue un proceso largo pero muy rico. En 2009 Wim (Wenders) vino a París y los dos queríamos hacer algún día una película sobre Sebastião (Salgado), pero no sabíamos exactamente ni cuándo ni cómo. Unos días después, estábamos preparando un viaje para visitar un territorio indígena en Brasil, en el norte de la Amazonia, para ver un poblado de indios descubierto hace 15 años que todavía vive de manera oculta. Estos indios tienen la cualidad de ser muy amables, muy dóciles, no hay agresividad entre ellos, hay mucho amor. Con Sebastião tenía una relación de padre e hijo, es decir, de vez en cuando hay peleas y tenía la impresión de que allí juntos nos íbamos a encontrar entre cuatro paredes y que tal vez no iba a ser una buena idea. Pero empezó a trabajar y yo empecé a rodarlo. Era uno de los últimos trabajos de Sebastião y pensé que podía haber una posibilidad de filmarlo para cuando tuviera 70 u 80 años. Cuando volví a París edité estas imágenes y le mostré a Sebastião un video de unos 20 minutos y él se emocionó mucho, y yo al verlo me emocioné también. En ese momento me vino la idea de hacer una película sobre él al notar que había plena confianza en que no le iba a molestar ni mi presencia ni la de la cámara. Empezamos a viajar juntos y tuve la sensación que su fuerza era que transmitía su experiencia, las personas que ha conocido y por ello la historia se volvía cada vez más completa, más rica y más dura. Mi intuición me decía que todo esto, junto a las fotos, podía ser un material cinematográfico fortísimo. Lo increíble de esta historia es que, por suerte, cuando nos encontramos de nuevo con Wim también tuvo esta impresión y empezamos a hablar lo que podría ser un filme sobre Sebastião. Dos años después, en 2011, decidimos incluir una historia dramática cinematográficamente, donde podríamos contar su historia, la historia de alguien que había presenciado algunos de los acontecimientos más importantes de los últimos 40 años pero a través de su encuentro con las personas. Es decir, no la historia de la política o los dirigentes sino la historia de los pueblos que vivieron esas cosas, vimos que ahí había una cosa excepcional pero muy dura de lo que es la humanidad en crisis. Lo interesante de esto es que Sebastião se quebró mucho con esto, no sabía cómo desprenderse de esto y tuvo que transformarse, y su transformación fue una cosa muy linda y muy fuerte. Nos dio la impresión de que ahí había una curva dramática al pasar de un mundo lleno de muerte a la vida, junto con la idea de la bondad del entorno. La idea es que un mundo terrible tal vez pueda ser un mundo mejor mañana.

– Hablando de esto precisamente, cuando Sebastião pasa de retratar esta fotografía tan social a hacerlo sobre la naturaleza, hay una frase en la película que dice algo así como que los animales no ven al hombre como un depredador, ¿es algo que el propio Sebastião iba buscando? ¿alguien que no viera al hombre como un depredador?

 J. R.: Antes trataba de asuntos que iba a denunciar, retrataba modos de vida o acontecimientos importantes. Pero a partir de Génesis, su objetivo es el de compartir una visión del mundo, la idea de que somos parte de un todo, que puede haber empatía por lugares intactos, por animales, que puede haber una relación fuerte como él la tuvo con un gorila. Sebastião tiene mucho talento pero en su proceso de trabajo hay una forma de llegar a su fotografía completamente artística, que es la transmisión de un sentimiento, de una visión, no la de estar haciendo periodismo.

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– Sebastião tiene miles de imágenes y supongo que sería un proceso muy largo el seleccionar qué imágenes iban a formar parte de la película, ¿cómo fue ese proceso? ¿le ayudó su padre? ¿lo hablaron también con Wim?

 J. R.: Fue un proceso largo porque no queríamos incluir en él a Sebastião, a la persona a la que se está filmando. Y también, es mi padre, ¿cómo lo haces si él viene y te dice “no, esto así no”? Imposible, eso era un no absoluto. Desde el inicio con Wim, después de estos dos años en los que estuvimos pensando cómo podíamos contar esta historia y decidimos que iba a ser sobre el modo en el que Sebastião viaja, encuentra a las personas, encuentra el sentido de sus fotografías y su lugar en el mundo, tuvimos muy claro que tendríamos que escoger reportajes con fotografías que pudieran contar precisamente estos pasajes. Wim y yo descubrimos unos 10 reportajes, de los cuales sólo uno no entró en la película. El proceso de edición fue un año y medio complicadísimo y con muchas peleas, pero con buen éxito.

– ¿Cómo ha sido codirigir con Wim Wenders?

J. R.: Wim es un monstruo, es un maestro del cine. Dirigir con él al inicio fue muy fácil porque estábamos trabajando sobre ideas. Después, en el momento de filmar, había cosas que yo no podía rodar como era la relación de Sebastião con su pasado porque para ello tenía que hacerlo alguien neutral y Wim se encargó de ello. En un momento, Wim tuvo una idea increíble: metió a Sebastião en una habitación oscura donde sólo podía ver un teleprompter. Había un espejo desde donde se filmaba en la parte de atrás con una cámara escondida, y en el espejo se proyectaban sus fotografías. Él hablaba hacia el público sin saberlo mientras veía las fotografías y en esos momentos volvía a rememorar aquellos momentos terribles que había en sus fotos, fue muy fuerte. Este es el talento increíble de Wim, es una suerte. El problema fue en la sala de edición, donde hubo muchas peleas, necesidades diferentes, problemas…hasta que nos sentamos a tratar de respetar las opiniones del otro. Wim fue muy generoso y en dos meses tuvimos la película terminada. También otro de los talentos fue la música de Laurent Petitgand, que trabajó con Wim en El cielo sobre Berlín y desde siempre trabajan juntos. Queríamos que cuando Sebastião estaba mirando las fotos, la audiencia entrara en la subjetividad de la memoria de él, que es complicadísimo. Las fotografías eran muy fuertes, las historias interesantísimas, la dramaturgia bien trabajada, pero para crear la ilusión de este proceso necesitaba encontrar el ambiente, la sonoridad, no podía ser la del estudio ni tampoco el sonido como si provinieran de las fotografías, había que hacer una cosa que fuera el ruido de la memoria de Sebastião y Laurent Petitgand lo encontró.

– Hay un personaje que no aparece tanto en la película pero sí es muy importante que es Léila, su mujer, que es un poco quien aportaba estabilidad al hogar frente a todos los viajes de su padre, ¿cuál es la importancia de ella en todo este proceso?

J. R.: Léila es muy importante, nosotros pensamos en incluirla en el proceso para hacer justicia con ella, porque siempre han decidido todo juntos desde que salieron de Spirito Santo hacia Sao Paulo. Allí Sebastião dejó su trabajo de economista para dedicarse a la fotografía y entonces quien sustentó a la familia fue Léila. La historia de la fotografía la construyeron juntos, ahora las exposiciones de fotografía las hacen juntos, Léila dibuja, todo lo hacen juntos y quisimos incluirla porque es muy importante.

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– En la película hay partes que se hablan en inglés, otras en portugués y otras en francés, ¿cómo se ha trabajado la parte del idioma?

J. R.: Es un documental, el idioma es el que pudimos encontrar que iba a ser el idioma común. Win habla perfectamente inglés y tiene un francés buenísimo pero no habla portugués, y la lengua que los dos tenían en común era el francés por eso hay tantas cosas en la película que están en francés.

– ¿Qué se siente al estar ante un oso polar?

J. R.: Mucho miedo. Hay una escena que no está en la película en la que estamos cuatro personas y el oso está a 40 metros mirándonos. Cuando un oso corre, cada paso son 7 metros, entonces 40 metros no son nada y en ese momento hubo mucha tensión y mucho miedo pero también mucha concentración. Fue una cosa muy racional, porque tú puedes provocar que el oso vaya a comerte o no con tus movimientos.

– Cuando una persona viaja tanto como su padre y ha vivido tantas cosas, ¿tiende a sentirse ciudadano de todos los países?

J. R.: Sí, absolutamente. Yo creo que Sebastião es un ciudadano del mundo de Brasil, porque se siente muy brasileño y es muy importante para él, pero hay mucha igualdad en la forma en la que encuentra a todo el mundo.

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