julio 9, 2020

San Sebastián 2014: Día 7

San Sebastián día 7: Hay un hombre en España que lo hace todo.

Lasa eta Zabala

Nos comentaba un compañero, después del pase de Lasa y Zabala, su preocupación porque alguien malinterpretara su reseña, evidentemente negativa, como si ésta fuese generada por causas de intencionalidad política y no como consecuencia de algo puramente cinéfilo. Quizás no todo esté tan maduro en este país cuando parece imposible disociar un aspecto de otro, cuando portadas tan vergonzosas como las de La Razón de la semana pasada (portada realizada por supuesto sin ni siquiera haber visto previamente la película), manchan aún la supuesta imparcialidad con la que debería ser acogido éste (o cualquier otro) film por uno u otro bando. Dicho esto, y negándonos a explicitar nuestra postura al respecto de los hechos que narra (suponemos que es la misma que la que tendría cualquier persona normal), debemos lamentar la absoluta falta de naturalidad que tiene la cinta de Pablo Malo, su obsesión por olvidarse de las personas para crear acartonados arquetipos, su absurda tendencia de buscar el chascarrillo folclórico, la frase facilona antes que desvelar los mecanismos del terrorismo de estado. La importancia del caso, quizás el mayor oprobio que ha sufrido la democracia española nacida en la transición, requería una precisión y un pulso que no aparecen en el metraje en ningún momento, dejándonos suspirando por el Paul Greengrass de Bloody sunday, el Jim Sheridan de In the name of the father o incluso el Ken Loach de Hidden agenda, amando esa naturalidad británica para afrontar su historia y también los retos democráticos que debe superar su país, aunque eso, claro, es otra historia (o quizás no).

Simindis kundzuli

Con las crecidas de primavera, el río Enguri se precipita sobre las tierras bajas de Kolkheti y, antes de lanzar rocas y limo al mar, las acumula aquí y allá en medio del río. En pocos días, incluso de la noche a la mañana, de estos escollos nacen grandes islas, cuyo suelo es rico y fértil. En la primera escena de Corn island (película ganadora del Festival de Karlovy Vary), su anciano protagonista alcanza una de esas islas a las que hace mención la sinopsis, donde, con sus rudimentarias herramientas, construye la estructura de la cabaña que le alojará durante la estancia en ésta. Del mismo modo George Ovashvilii edifica también su film, con las mismas herramientas básicas, sólo tres personajes y una localización única y constante: la solitaria isla cuya existencia fugaz, precaria, se asemeja en su  al modo de vida de sus ocupantes. Una fugacidad que parece relacionarse con la propia esencia del lenguaje cinematográfico, ejemplo de definición, sencillez y austeridad presente tanto en los hechos narrados como en los propios códigos que Ovashvilii utiliza para contarlos. Quizás en esta admirable fábula ecuménica, casi dersuuzaliana sobre la presencia del desestabilizador elemento externo (en forma de soldados que patrullan el río en pleno conflicto absajio-georgiano), más cuando estamos hipnotizados con las ascéticas maneras con la que nos son mostradas el nacimiento, el auge y la destrucción de una isla cualquiera, en el río Enguri, allá por la primavera.

Murieron por encima de sus posibilidades

Isaki Lacuesta ha vuelto y está de mal humor, con ganas de revancha o con ambas cosas. El director gerundense, tras ganar la Concha de oro con su anterior película, Los pasos dobles, se vio envuelto en un sintómatico cruce de declaraciones con buena parte de la prensa cinéfila más conservadora del país pero en Murieron por encima de sus posibilidades no es sector de la crítica apolillada que ya conocen ustedes quien se ve reflejado en su objetivo. Ahora, tras tres años de parón, es la debacle de un país llamado España el protagonista de su film y quizás por simpatía (6. Fenómeno físico por el cual un cuerpo, debido a una onda vibratoria o explosiva, provoca en otro cuerpo otra vibración o explosión de similares características) su película también es una debacle, el caos desatado, una burla sobre una burla. Nos explicamos, en un análisis puramente objetivo o sacado de contexto Murieron por encima de sus posibilidades nos parecería sumamente irritante, desde el uso como hilo conductor de las canciones de Albert Pla hasta las asombrantes apariciones de buena parte del star-system patrio en plan «yo pasaba por aquí», desde sus histéricos movimientos de cámara hasta el uso de chistes (los hay hasta de pedos, sí) que provocan más pasmo que risa, desde las referencias más tópicas sobre la crisisestafacomosellame hasta el gore más chabacano. Todo es molesto, perdón, muy molesto en la película y créanme que uno sale jodidamente cabreado de ella como con ganas de patear a la gente adecuada y, joder, en ese preciso momento pensamos sino era ese sentimiento, exactamente ese, el que este jodido ácrata pretendía. Yo me quedo con la duda (y sigo molesto, sí)

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