septiembre 12, 2020

Críticas: Alguien a quien amar

Someonew You Love

El sol también calienta en Dinamarca.

Unos segundos antes de salir al escenario Thomas Jacob, el cantante protagonista de Alguien a quien amar, respira pausado, después se relaja y finalmente saluda al público asistente que abarrota la sala de conciertos. Aunque sonríe, por dentro se percibe que es pétreo, como un bloque de hielo. El largometraje que reseñamos aquí, también se presenta como esa roca helada que irá descongelándose durante la hora y media siguiente.

Pernille Fischer Christensen, directora y coguionista de Alguien a quien amar, realiza su cuarto largometraje con un oficio evidente en la planificación, ritmo y contención del drama. Logra que un material realmente trágico no se desborde más allá del género melodramático, porque respeta la coherencia de los personajes, sus acciones y situaciones. Sitúa la cámara fuera de los conflictos o antes de mostrarlos, siguiendo al protagonista para que él mismo nos introduzca en la trama, sin buscar el impacto dramático forzado, sino añadiendo  los detalles por los que podremos comprender a varios personajes que, en ocasiones, podrían resultarnos antipáticos pero que en pantalla resultan humanos y responsables de sus errores y aciertos.

En Sang fra Hjertet

Thomas, el cantante y compositor que sustenta la historia, aparece como una persona egoísta e insegura, inexpugnable como los bosques nevados y el castillo en que se aloja. Alrededor del protagonista está el grupo encabezado por su hija, el nieto, la manager, una sirvienta y la productora musical que, gracias a la cercanía y humanidad que expresan, consiguen que empaticemos con Thomas y además refuerzan la frialdad del cantautor, un carácter que se resiste a quebrar su dureza durante todo el film.

La realizadora se apoya en un tratamiento fotográfico de la iluminación y la luz natural, a cargo de su director de foto, Laust Trier-Mørk, que acompaña todas las secuencias con matices expresivos del ambiente, en su mayor parte rodado en exteriores diurnos abiertos y nublados. O en los que el sol resplandece, como el tramo conclusivo. También en una secuencia crucial de atardecer, punteada por el resplandor (y calor) de una hoguera. O en interiores de penumbra invernal que resultan, en ocasiones, más helados y desconcertantes que los paisajes llenos de nieve.

Como buen trabajo de equipo, el reparto al completo integra un sólido conjunto de actrices y actores, encarnando a los seis personajes principales. Por supuesto destacan Mikael Persbrandt como Thomas y Sofus Rønnov como Noa. Ellos dos consiguen una relación entre abuelo y nieto que progresa de manera creíble y emocionante sin buscar atajos ni utilizar trampas lacrimógenas. Y por otra parte las secuencias en las que Thomas se relaciona con su ayudante (Eve Best) su hija (Birgitte Hjort Sørensen) y la compañera de trabajo (Trine Dyrholm) En estas escenas se perciben todos los claroscuros personales, historias afectivas pasadas y el entramado personal que motivan relaciones e incluso el amor.

Alguien a quien amar 3

En el apartado de inconvenientes de Alguien a quien amar se encuentran varios derivados del propio guión, ya que la elección de un cantautor que, tanto por la voz como por el estilo de  las canciones, puede recordar a Leonard Cohen, o indirectamente a otros intérpretes de los años setenta y ochenta como Brian Ferry. Pero el retrato de la estrella musical quizás queda demasiado evidente y manoseado por el arquetipo de persona atormentada y politoxicómana, aunque sin llegar al lado oscuro que bordearían solistas de la cuerda de Lou Reed, Joe Cocker o Tom Waits, por citar otros tres en los que podría haberse basado el protagonista.

Tampoco resulta convincente del todo el tratamiento narrativo de las composiciones musicales que se escuchan a lo largo del metraje, y es una pena porque partían de una material parecido en origen, al de otro film ejemplar sobre músicos: Once (Una vez 2006) pero no consiguen ni la misma implicación, ni la misma fuerza de las canciones durante su desarrollo.

Y quizás también desafine algún subrayado emocional del personaje, amplificado por la banda sonora, aunque sea breve. O cierta extrañeza por el clímax de la película, que conecta bien con el inicio aunque sin encajar del todo armoniosamente.

Alguien a quien amar 4

Una puntualización a modo de remate final es la curiosidad de conocer dos películas estrenadas en los últimos años, que resultan ser de las más luminosas y vitalistas que se han proyectado en cine, literalmente. Las dos coinciden en varias circunstancias de producción, ya que se trata de largometrajes daneses (o internacionales pero con gran porcentaje de representación danesa) Ambas tienen un título basado en una canción famosa, en este caso Somebody to love (aunque el título traducido al inglés sea Someone to love) Y la otra película, del año 2012, es Amor es todo lo que necesitas (Love is all you need) Asimismo en ambas aparece como actriz principal la danesa Trine Dyrholm, un animal fotogénico que actúa en la más reciente como productora musical y en la anterior como la consuegra de Pierce Brosnan.

Así que no todo huele a Dogma en Dinamarca.

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