octubre 12, 2020

Críticas: Jumanji: Siguiente nivel

Jugar para huir de la realidad.

En estos tiempos actuales en que los niños y adolescentes han perdido buena parte del hábito de jugar con tableros, dados, fichas y cartas, una película como Jumanji, el clásico familiar de los 90, les parecerá un rara avis. Por esto, el reboot de hace un par de años, Jumajni: Bienvenidos a la jungla, convertía el juego de mesa en un videojuego con una entrada a un portal virtual hiperrealista con una selva plagada de animales y buscadores de tesoros. Una fusión entre la cinta original, las videoconsolas y los scape room de la que surgió un inspirado entretenimiento y una correcta película familiar que ofrecía más de lo que los más escépticos augurábamos. Esta secuela prosigue con la misma tónica y con los mismos óptimos resultados.

El cuarteto de amigos se reencuentran durante las Navidades del primer curso de Universidad en que cada uno ha tomado un camino distinto, sobre todo, Spencer y Martha, cuya relación se encuentra en punto muerto a causa de la distancia. Tan inseguro e introvertido como en la primera entrega, Spencer planta a sus amigos y decide adentrarse de nuevo en el juego selvático para volver a ser el héroe de acción perfecto con el cuerpo de Dwayne Johnson. Peligrosa decisión que comportará que el trío restante regrese a la contienda para intentar pasar pantallas, cumplir el objetivo principal (recuperar una piedra preciosa) y no caer en el temido Game Over.

Con todo el universo planteado desde buen principio, este Jumanji: Siguiente nivel tiene la ventaja de poder ir al grano desde el minuto uno y tirar de running gags con la primera entrega. Una de las ideas más divertidas de la secuela es intercambiar los avatares que los personajes tienen dentro del juego; por ejemplo, Spencer no ostenta las habilidades de The Rock como pretendía, sino del cuerpo enclenque de Awkwafina, divertidísima en su estrambótico rol. Por otra parte, esta segunda entrega también se beneficia del fichaje de Danny DeVito y Danny Glover, dos rutilantes estrellas de la comedia de los 80 y los 90 dispuestos a ceder el testigo a Dwayne Johnson y Kevin Hart, desternillantes como los avatares de sus personajes.

Jumanji: Siguiente nivel amplía horizontes con estas nuevas incorporaciones y el ingenioso cambio de papeles, pero tanto el envoltorio como la espina dorsal de la película es una reproducción, casi calco, de la anterior entrega. Ahora bien, no por ello deja de resultar efectivo, en esta ocasión, el piloto automático funciona. En su justa medida, pero funciona. El conjunto adolece de un metraje excesivo, alguna pantalla (para usar el lenguaje de los videojuegos) es del todo prescindible y el ritmo del filme no se hubiese resentido, aunque huelga destacar esa set-piece con las avestruces a modo Mad Max o la persecución laberíntica saltando en puentes de los mandriles. Por contra, lo peor de esta secuela es una tendencia hacia la estereotipación, bajo la excusa de la parodia, pero que en cierto modo perpetua ciertos comportamientos y roles de género en un producto abiertamente familiar que debería abogar por nuevos horizontes y dejar de asimilar atributos caducos. El chiste fácil, en última instancia, proviene de prolongar el estereotipo, no de criticarlo y darle la vuelta.

Al fin y al cabo, en Jumanji se encapsula el espacio y el tiempo real para jugar, es decir, para huir de la realidad, una vía de escape a modo de aventura extrema. Como toda buena película familiar, este segundo capítulo está trufado de mensajes, focalizados aquí en torno a la idea de encontrarse a uno mismo, alcanzar los sueños personales y despojarse de los temores que emergen como obstáculos de la felicidad. Jumanji: Siguiente nivel es un sólido entretenimiento, como se reveló sorprendentemente la anterior, sin riesgo alguno, pero tampoco con grandes tropiezos.

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