octubre 12, 2020

D’A Film Festival 2020: Crónica 1

Disfrutamos del D’A desde casa.

El primer festival de cine en adaptarse a la nueva situación provocada por la crisis sanitaria del coronavirus ha sido el D’A Film Fest Barcelona, el certamen dedicado al cine de autor que se celebra desde hace diez años durante estas fechas en la ciudad condal. No solo no han aplazado o suspendido la nueva edición, sino que han mantenido fechas con una versión online a través de la plataforma Filmin y todos los cinéfilos del país pueden disfrutarlo. El 10º D’A arrancó el jueves con Habitación 212, la cinta inaugural que supone el regreso de Christophe Honoré tan solo un año después de la estupenda Vivir deprisa, amar despacio. Su nuevo trabajo es mucho más liviano y menos memorable, pero no por ello nada desdeñable.

En una especie de irónico confinamiento, Maria, una profesora universitaria adúltera, se enclaustra en una suite de hotel para resituar su vida y estado emocional, una vez su marido ha descubierto sus infidelidades. El cineasta francés nunca termina de atinar en la combinación de drama y comedia y el desarrollo de esta noche crucial resulta algo torpe e irregular. No obstante, esta sucesiva visita de los fantasmas (de escarceos) del pasado es inteligente en su juego con los convencionalismos y divertida en su justa medida desde la ligereza más honesta y desprejuiciada. También destaca el estupendo elenco que arropa la propuesta destacando evidentemente una imperial Chiara Mastroianni. No será ni mucho menos uno de los grandes títulos del festival, pero sí ha sido una buena inauguración para ir abriendo el apetito.

Roubaix, une lumière

Desde Francia también llega una de las películas más esperadas de esta edición: Roubaix, une lumière, el nuevo trabajo de Arnaud Desplechin. Alejado de su anterior filmografía, el cineasta vira hacia el thriller policíaco con una intrincada historia de robos, incendios callejeros, desigualdad social y homicidios. A través de Daoud, el jefe de policía de Roubaix (la ciudad natal de Desplechin), y Louis, un agente idealista recién llegado, se van desvelando las claves de un caso en que prima mucho más el estudio psicológico de los testigos, sospechosos y cuerpos de seguridad por encima del misterio y la resolución. Más próximo a los clásicos del cine francés del género o el coetáneo Michael Mann que a los thrillers criminales que capitalizan la cartelera actual, Desplechin ofrece un notabilísimo film noir, cuya atmósfera es hipnótica y expresiva, desde los tonos ocres al impecable sonido pasando por la sencilla y funcional música. Un film, entre el desconcierto y la fascinación, que va creciendo poco a poco y perdura en el recuerdo en buena medida por su estupendo guion, el último tercio es magnífico. Por último, de Roubaix, une lumière cabe destacar el soberbio reparto, especialmente el cuarteto protagonista: Léa Seydoux, Sara Forestier, Antoine Reinartz y Roschdy Zem (mrecedor del César al mejor actor protagonista). Uno de los must del D’A 2020 antes y después de verla.

Atlantis

En las antípodas se sitúa Atlantis, una desalentadora y sosegada crónica del desastre de un conflicto bélico. El director ucraniano Valentyn Vasyanovych (director de fotografía y productor de la magistral The Tribe) ofrece una contundente distopía situada en el año 2025 tras una guerra en el país europeo. La vida del protagonista, Sergey, un ex soldado con síndrome postraumático, está hecha añicos y reconstruirla no es tarea fácil y menos con el absoluto desconsuelo de su compañero y amigo y la imposibilidad de reflotar de la tragedia. Narrada mediante largas secuencias en planos largo o fijos, Atlantis es la búsqueda irremediable de la quimera de la felicidad. El simbolismo de sus imágenes es muy sugerente y cautivador: desde ese fuego destructor que incinera la devastación definitiva de los estragos de la guerra a esa agua de la lluvia purificadora que, entre cristales entelados, abre un brío de esperanza al final del túnel. Quizás su planteamiento formal en ocasiones resulte caprichoso y su exploración del trauma y la aflicción deambule entre el tedio y la grandeza, pero finalmente se afianza como un título muy reivindicable. Para el recuerdo también la escena en que Sergey regresa a su hogar e intenta recomponer el dolor causado por la pérdida de su familia. Una figura de arcilla cicatriza, aunque sea un poco, el triste pasado y pone la primera piedra para un futuro menos aciago.

To the ends of the Earth

Otro de los nombres propios habituales al D’A es Kiyoshi Kurosawa, uno de los cineastas japoneses más relevantes del panorama actual, aunque para su nueva película, To the Ends of the Earth, ha viajado al remoto Uzbekistán. El film se construye a partir del viaje a contracorriente de una joven presentadora de televisión que afronta la producción en un momento crucial en su vida. El choque cultural entre dos países tan radicalmente distintos, su condición de mujer en una sociedad más conservadora y su constante inquietud ante la imperiosa observación a la cual se ve sometida conforman un amalgama de sentimientos encontrados en ella, un total desconcierto ante lo desconocido y ahondan la distancia física y emocional con sus allegados. Kurosawa acierta en el uso de la mirada: la suya propia como cineasta, la de Yoko frente a sus temores (las noticias del telediario) y anhelos (su sueño de dedicarse a la música) y la de los uzbekos contemplando lo exótico (Yoko y su equipo técnico). Otra de las fortalezas de la película es como el director japonés usa el entorno (natural, rural y urbano) para desarrollar y enfatizar la soledad absoluta de Yoko; solo cantar en un teatro parece sacarla de su letargo. To the Ends of the Earth ostenta por el momento el mejor desenlace del certamen: una escena final catártica y muy bonita (en el buen sentido de la palabra).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *