octubre 12, 2020

Críticas: Da 5 Bloods: Hermanos de armas

Homenaje vietnamita.

Tras un período de tres meses con las salas de cine cerradas y una escasísima oferta de nuevas producciones, toda llegada de un nuevo gran estreno va a ser recibida como agua de mayo. En unas horas en las que la desescalada se desarrolla con normalidad y prácticamente se inaugura el verano, Netflix hace desembarcar en nuestros hogares uno de los grandes títulos mediáticos de este maltrecho 2020. Se trata de la última gran producción de uno de los nombres consagrados del cine americano de las últimas décadas, que no en vano había sido designado este año como Presidente del Jurado de una edición de Cannes 2020 que finalmente no tendrá lugar. Hablamos, como no, de Spike Lee. Después del reconocimiento crítico, comercial y académico de su reciente Infiltrado en el KKKlan vuelve a la carga con un título rodeado de expectación y foco mediático: Da 5 bloods, con una trama entroncada con la guerra de Vietnam. Un filme que fue pronto inscrito en las tempranas apuestas de candidatas a los premios Óscar y que muy probablemente se habría presentado en el festival francés. Un largometraje que, huelga decir, era una prioridad en la agenda cinéfila de un servidor. Siempre es una pena descubrir una obra como esta en la pantalla pequeña, pero me encomendé a ella con la mayor apertura de miras y los menores datos previos posibles. Y si la película previa ya fue un trabajo harto satisfactorio, la película que nos ocupa mejora los réditos de aquella. Es un filme irregular y nada exento de problemas, pero sumamente enérgico e interesante.

Paul, Otis, Eddie y Melvin son cuatro viejos amigos, cuatro veteranos de guerra afroamericanos. Décadas después, regresan a Vietnam, el escenario donde perdieron a un compañero en combate. Buscarán sus restos, y con ellos un cuantioso tesoro enterrado de lingotes de oro, en una peligrosa aventura llena de obstáculos y sorpresas en un ecosistema en el que aún transpiran los estragos de la guerra. Una comedia de acción llena de fuerza, furia y proclama, un alegato racial en forma de homenaje cinéfilo. Una obra heterogénea y personal, de una extremada conveniencia para los convulsos sucesos de las últimas semanas. Un juguetón experimento de salto entre códigos genéricos, que opera a varios niveles. Como percibirá el espectador perspicaz, es un homenaje Coppoliano, con algunos guiños y referencias poco veladas. Su Apocalypse Now, la aportación de Spike Lee a la prestigiosa tradición de cine de Vietnam. Por un lado tenemos la narración en tiempo presente, con los veteranos filmados con cobertura tradicional elegante pero funcional y formato panorámico habitual; por otro lado, las escenas acontecidas durante la guerra, con textura granulada de celuloide y formato más cuadrado, con una estética setentera lograda gracias a una excelente fotografía de colorimetría recargada. Y por último, tenemos una parte documental, con puntuales insertos de fotografías o imágenes de archivo de momentos relevantes de la historia racial del Siglo XX. Lo que más atrapa a la audiencia es el corazón y honestidad que respira cada fotograma de la propuesta, así como su tono festivo y canalla. Sus personajes son carismáticos y guasones, en particular un excelente Delroy Lindo. Es una aventura clásica cocida a fuego lento, que va de menos a más, con poderosas secuencias e instancias de revelador lirismo y sentido drama. Captura a la perfección la frondosidad de la jungla, y su violencia descarnada resulta todo un acierto. Filme de formas trabajadas, con clara exhibición de oficio, que se ampara en siempre bienvenidos planos angulares, trabaja con solvencia las texturas de la imagen y construye con la excelente música de Terence Blanchard un tono tan épico como afectado y amargo.

Un largometraje que, es innegable, tira muchas cosas sobre el tablero, y no todas ellas necesitaban estar ahí. El mayor problema es su extenso metraje, que perfectamente podría haberse reducido media hora. Nunca decae el interés, pero esta calma y esta absoluto ausencia de prisa para narrar el relato dan como resultado un tempo obtuso, poco definido. Las secuencias del pasado, lo mejor del filme, resultan escasas, y la aventura principal tarda prácticamente una hora en arrancar. Varios personajes secundarios se presentan con la brocha gorda, y las interacciones entre la escuadra original son simpáticas pero nunca excesivamente interesantes. Y como en tantas otras ocasiones los mensajes de denuncia política parecen estar por encima de las historias en el cine de Lee, recalcando sus ideas en secuencias de montaje fotográfico o de material de archivo que no enriquecen la narración principal. Decisiones que en absoluto alejan a este de ser un muy buen filme, pero sí que la alejan de una excelencia que sabemos podemos exigirle al maestro.

Si ansiabais reencontraros con cine nuevo de calidad, no dudéis en apuntar este título. Si sois fanáticos de Spike Lee, Da 5 bloods es prácticamente imprescindible. Y no creo que estemos hablando necesariamente de una gran película, pero sí de una con mucho que disfrutar. Bienvenida sea.

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