septiembre 11, 2020

Críticas: Antebellum

Heridas del pasado, horror del presente.

La Historia es rocambolesca, cíclica y, si se permite el vocablo, puñetera. Y la podredumbre humana lo es mucho más. Aunque, sobre todo, la podredumbre humana, lo que puede, es llegar a unos límites inimaginables. Unos límites que no desvelaremos, porque lo mejor es ir a ver Antebellum sabiendo lo menos posible acerca de ella y eso dificulta el análisis fílmico de una propuesta arriesgada, sorprendente y combativa. Su mensaje es tan potente como necesario y pertinente en este presente tan desolador, en cuanto a cuestiones de tensión racial en Estados Unidos se refiere. Lástima que el espíritu político a veces utilice torpemente la brocha gorda y el efectismo para lograr el aplauso fácil.

Christopher Renz y Gerard Bush debutan en el largometraje con Antebellum, un buen debut avalado por el equipo de producción de dos éxitos recientes: la oscarizada Déjame salir y la superior Nosotros. Como en aquellas, el racismo enquistado es el eje vertebrador de un relato terrorífico que asume las secuelas de la esclavitud en la sociedad norteamericana como reflejo del horror más temible del presente. El tándem de directores aciertan de pleno en el primer acto del film con la creación de una atmósfera desasosegante y la descripción, nunca recreada en exceso, de los años de la esclavitud y el trato vejatorio hacia los afroamericanos.

La película cambia de tono en un par de veces, a medio camino entre el desconcierto y el riesgo, entre la genialidad y la ridiculez más supina. Un extraño y enigmático cruce entre un episodio distópico de Black Mirror, el uso del pasado y el despertar de una generación de Westworld (imposible no emparejar los personajes de Thandie Newton y Janelle Monaé) y la identidad intrínseca de una película tan infravalorada como es El bosque, de M. Night Shyamalan. Todas estas reminiscencias funcionan en el singular cóctel que sustenta la narración del film. La protagonista Veronica se erige como una nueva heroína, forjada en el pasado y nacida en el presente; su proeza bien merecería tener un tributo en el espacio público, más que otros supuestos héroes de la nación. El tiempo decantará la victoria del lado correcto.

Antebellum queda lastrada por un desenlace con una tendencia excesiva hacia a lo lacrimógeno; en realidad, el drama familiar de la protagonista podría haberse elidido y la película tendría mucha más fuerza en el tercer acto con el mensaje político en primer plano. Por otro lado, el recurso de algunas metáforas (el avión) o la ralentización de la cámara (rompiendo la verdadera épica que podría haber sido) son otras muestras de la irregularidad de un interesante y sólido debut que, aunque se desarrolle de más a menos, nunca abandona su convicción ni deja de atrapar en su extrañísima combinación de terror, distopía contemporánea y alegato contra el racismo y la supremacía blanca.

Más allá de la capacidad hipnótica de la película por atrapar al espectador en su sorprendente juego de espejos entre el pasado y el presente, Janelle Monaé es la otra causante de que Antebellum siempre caiga de pie, pese a sus tropiezos. La cantante, descubierta como gran actriz en Figuras ocultas y Moonlight, ofrece una excelente interpretación. En los tres actos diferenciados del film defiende al personaje desde tres puntos de vista distintos y logra convencer ahí donde el guion erra en su cometido. Su sufrimiento es el vivido por miles de compañeros de discriminación a lo largo de los siglos; su rostro es finalmente el reflejo de toda una nación marcada por la atrocidad del pasado, el racismo estructural y la presente fractura social de los años de administración Trump.

Antebellum podría haber sido el gran tratado en tiempos de resurgimiento del movimiento Black Lives Matter, pero queda un peldaño o dos por detrás de propuestas similares del último lustro, y no todas ellas encapsuladas en el terror, como la notabilísima El odio que das. Su mayor virtud es la correspondencia irónica y terrorífica que establece entre el pasado con heridas abiertas y el presente tan tosco y oscuro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *