octubre 14, 2020

Festival de San Sebastián: Crónica 4

Seguimos con las crónicas del 68SSIFF.

Una de las mejores películas de esta 68ª edición del Festival de San Sebastián será, sin lugar a dudas, Days (Rizi). Estábamos preavisados desde su presentación mundial en el pasado Festival de Berlín y, obviamente, también por tratarse del nuevo trabajo de un valor seguro: Tsai Ming-liang. Para su nueva película cuenta con dos personajes, su entorno, su rutina y casi ninguna línea de diálogo. Kang y Non viven a contracorriente, el primero casi como un vagabundo; son, en buena medida, dos mundos diametralmente opuestos. Dos almas perdidas encontradas por la pulsión sexual y la conexión corporal, la vía de comunicación idónea que establecen para hallar el consuelo deseado por ambos.

El cineasta chino construye esta conmovedora historia, fraguada a fuego lento, con su habitual pulso narrativo, un tempo lánguido que disecciona la rutina de la pareja protagonista para inmiscuirse en lo más recóndito del desencanto emocional de ambos. El tiempo del vacío existencial llega al ocaso cuando el tiempo del éxtasis (contenido, eso sí) explosiona en un masaje, coreografiado con un lirismo imponente. A partir de aquí, la segunda mitad de la película es, simple y llanamente, magistral, llegando al punto más culminante con una conversación, desprovista de diálogos, mostrada con una pequeña caja de música. La muestra de cariño más emotiva del año cinematográfico; la partitura más elocuente de todas las escuchadas.

Druk (Another round)

Esta joya Ming-liang se ha presentado en la sección Zabaltegi-Tabakalera, pero en la pugna por la Concha de Oro también se ha podido ver una película a la misma altura: Druk (Another Round). Una de las cintas más polémicas de la temporada: por su mensaje y su puesta en escena. A saber: cuatro hombres de mediana edad, todos ellos profesores de escuela, deciden someterse a un experimento sociológico que consiste en mantener una tasa de alcohol en el cuerpo regularmente cada día. ¿Objetivo? Demostrar que sus efectos mejoran los aspectos de la vida de cada uno. El danés Thomas Vinterberg se acerca a este peculiar punto de partida con sorna, acidez y una aparente ligereza.
Todo ello para elaborar una magistral reflexión sobre el papel y la normalización del alcohol en nuestra sociedad, huyendo muy acertadamente de cualquier moralidad. ¿Resultado? Una brillante comedia negra sobre los arquetipos y las convenciones sociales más arraigadas. El director de Celebración busca la complicidad del espectador, que entre en su juego: reírse de y con la pandilla. Rizar el rizo de su propuesta: vivir la experiencia como espectador y ser la cara visible y podrida de su discurso. Más allá de toda esta superficie (ya por sí sola muy completa, como se puede apreciar), Druk (Another Round) es mucho más. En última instancia, estamos ante un excelente tratado de la masculinidad y la vulnerabilidad, focalizada en el personaje de Mads Mikkelsen, pero también en la hermandad de estos cuatro profesores en plena éxtasis del reto alcohólico. La carga crítica de Thomas Vinterberg, el arco argumental del film y la voracidad interpretativa de Mads Mikkelsen se elevan a niveles estratosféricos en la catártica escena final: una de las mejores escenas del 2020, a ritmo de What a Life. Uno siempre está dispuesto a otra ronda, a otra copa y a otra nueva oportunidad en la vida. También a una nueva oportunidad con el propio Vinterberg, que trae de vuelta su enorme talento tras sus decepcionantes últimos trabajos. Con Druk (Another Round) ofrece su mejor película desde La caza. Es decir, un peliculón.

La sorpresa en Sección Oficial ha aparecido con Any Crybabies Around?, un notable drama paterno-filial del joven cineasta Takuma Satô. Su segunda película parte de una festividad folklórica de Japón (algunos vecinos se disfrazan de unos monstruos ancestrales para asustar a los más pequeños) para devenir en una poderosa búsqueda del perdón, necesario tras la mala conducta. Lo busca Tasuku, un joven padre, que demonizado por el resto de la aldea, se traslada a vivir a Tokyo para huir de la vergüenza pública. Ello no impedirá que se entregue inquebrantablemente a recuperar todo lo perdido: el honor y, sobre todo, a su pequeña hija. Repudiado por su mujer y allegados, Tasuku vive en la soledad absoluta de una gran ciudad, un entorno inmenso y adverso. Satô insufla una carga emocional en el último tercio muy acorde con el desarrollo de la cinta y sin usar artificios, lección aprendida probablemente de su padrino Hirkazu Kore-eda. Nunca antes una tradición plagada de monstruos había resultado tan emotiva. Any Crybabies Around? no es ni mucho menos una película redonda, pero sí es por ahora una de las mejores películas que compiten por la Concha de Oro y un notable drama familiar.

Any Crybabies around?

Por otra parte, no comparto el desprecio general hacia Passion Simple, uno de los títulos de la Sección Oficial abalados con el sello del Festival de Cannes, cancelado por la pandemia del coronavirus el pasado mayo. La nueva película de Danielle Arbid mayoritariamente no ha convencido, pero un pequeño grupo de críticos sí hemos apreciado algunos puntos a favor. El mejor de todos ellos es el retrato de Hélène, la protagonista, y el acercamiento a la psique de esta mujer de mediana edad perdida emocionalmente en la obsesión sexual hacia un joven ruso. Una luminosa Laetitia Dosch saca oro de su personaje, al que aporta multiplicidad de matices más allá de la prisión del deseo en la que vive enclaustrada. Las escenas con su hijo o la discusión con el ex marido son buena muestra de ello. Una de las firmes contendientes para alzarse con la Concha de Plata a la mejor actriz. El otro punto a favor es la playlist. No obstante, Passion Simple resulta más inane de lo que su poliédrica protagonista podría haber reportado al conjunto, sus idas y venidas, sus escarceos y su incapacidad para salir a flote terminan resultado redundantes y mucho menos interesantes que en su planteamiento y desenlace. Es un buen culebrón de lujo, que tampoco puede tomarse en serio al pie de la letra (ese guiño juguetón a las novelas románticas de supermercado), pero que sin resultar fallida del todo, sí produce más indiferencia que pasión.

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