18 de junio de 2021

Críticas: Entre nosotras

El poder curativo del amor.

La tierra será sin fronteras, la tierra nos traerá suerte, la luna será para nosotras, si me amas. La inmortal canción Chariot (I Will Follow Him) versionada al italiano por Betty Curtis se alza como un himno en la historia romántica de Nina y Madeleine (Mado). A su vez, en una de las escenas más emotivas, emerge como el faro que ilumina la oscuridad a la que se han visto sometidas por un repentino contratiempo, justo cuando su lucha por vivir libremente el amor que llevan décadas ocultando parecía llegar a su final. Por encima de todo, Entre nosotras es una oda al amor como medicina imprescindible para sobrevivir.

La película, nominada al Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa y candidata de Francia a los Oscar, es la opera prima del italiano Filippo Meneghetti. Un debut notable en el que maneja acertadamente los lugares comunes de los dramas románticos en la vejez y los conflictos con los familiares, rehúye del tono empalagoso y se muestra hábil en introducir tintes cómicos que aligeran el peso de la narración. No obstante, el cineasta se muestra algo más autoral en sus –escasos, pero extrañísimos- pasajes oníricos que sugieren un trauma en la adolescencia de ambas protagonistas, un hecho que las une de por vida, unos cuervos amenazantes, un río con un secreto. Todo ello son un par de pinceladas. No aportan nada, solamente teorías infinitas. Así pues, al terminar la película resultan francamente prescindibles.

La historia de amor de Nina y Mado se remonta a muchos años atrás, nunca terminamos de saber cuántos, pero sí sabemos con total certeza que Mado fue infeliz con su marido y que ahora llevan conviviendo un tiempo largo (a escondidas, Nina alquila el piso de enfrente en el mismo rellano). Un amor truncado por el miedo a desvelar su homosexualidad a los hijos y por el inexorable paso del tiempo. Es ahora o nunca. Y la vida, siempre propicia a usurpar deseos y clavar nuevos obstáculos, se empecina en prohibirles vivir libremente su amor. Los anhelos seguirán guardados en una caja metálica esperando romper las últimas barreras y sobreponiéndose a la traumática adversidad.

Martine Chevallier y Barbara Sukowa sustentan la película en todo momento, ambas brindan excelentes interpretaciones en dos papeles peliagudos desde distintas ópticas: la enfermedad física y las decisiones irracionales, respectivamente. La química entre ellas es innegable y aportan una emotividad y ternura al conjunto que eleva la película en su vertiente más arrebatadora. Lo mejor de Entre nosotras es su capacidad para sobreponerse a las expectativas y derivar hacia territorios sorprendentes cuando todo parece mostrar el enésimo drama romántico en la vejez. También es apreciable como muestra el deseo entre las dos protagonistas, tanto cuando lo enseña plenamente con ellas en soledad como cuando lo sugiere cuando están presentes otros personajes. Filippo Meneghetti se revela como un director a seguir bien de cerca al presentarse con una ópera prima tan notable y conmovedora como ésta. El cine es capaz de ofrecer nuevas, reivindicables e interesantes historias que versan sobre el tema más inmortal de todos: el amor.

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