22 de marzo de 2021

Críticas: The Mauritanian

El calvario de Guantánamo.

Un nombre. Bueno, dos. Tahar Rahim y Mohamedou Ould Slahi. El primero es uno de los mejores actores del panorama cinematográfico actual. Ha trabajado con Jacques Audiard, Damien Chazelle, Asghar Farhadi, Joachim Lafosse, Faith Akin o Kiyoshi Kurosawa. El segundo es autor de Diario de Guantánamo, un relato autobiográfico sobre su injusto encarcelamiento durante 15 años en la prisión estadounidense, acusado de terrorismo sin cargos ni juicio. The Mauritanian es, por tanto, la adaptación de esta dolorosa y dura experiencia. Y Tahar Rahim está soberbio en la piel (y las carnes) de Mohamedou Ould Slahi.

Kevin Macdonald, director británico con oficio y fraguado en relatos en otros conflictos internacionales (El último rey de Escocia) y thrillers de alto voltaje (La sombra del poder), construye un filme de denuncia política y judicial con la mirada puesta en revisionar el pasado reciente: la mancha negra en la lucha antiterrorista que ha supuesto la prisión de Guantánamo. Una vergüenza de Occidente. La película no es tan beligerante, el cineasta se limita a relatar, con crudeza y artesanía, el calvario sufrido por Slahi. Nunca toma el megáfono en mano para denunciar, todo cae por el propio peso de la injusticia real. Ni el personaje de Jodie Foster, la abogada defensora, tiene un monólogo en ese sentido. Ni comparaciones odiosas. En definitiva, un buen guion.

No obstante, los últimos minutos de la película sí son una calamidad: una condescendencia excesiva hacia el espectador, un abuso de la búsqueda de la lágrima fácil y una paupérrima inclusión de imágenes documentales de la salida de Slahi. Uno de tantos casos en que un director de cine decide que la ficción pierde todo su poder. Se lo cargan con unos segundos para ganarse al público. Lástima de esta triquiñuela en el desenlace. Todo lo previo era un sólido thriller judicial y un potente drama carcelario. Quizás le falte algo de garra y un desarrollo menos soso, pero todas las piezas encajan; la mejor de todas ellas es la relación de Slahi con otro preso, sin verse nunca, solo comunicándose con la voz en el pocos minutos en que salen al exterior, patios individuales tapados por tela, zulos bajo la luz del sol.

The Mauritanian, entre su academismo y su feroz crítica a la injusticia, tiene su mejor baza en el portentoso trabajo de Tahar Rahim. Una soberbia interpretación que hubiese merecido nominación al Oscar, como sí obtuvo al Globo de Oro y al BAFTA. Su trabajo es descomunal, tanto en lo físico como en lo emocional, y brilla sobre todo en las conversaciones con Jodie Foster. La oscarizada actriz, ganadora del Globo de Oro por este papel, también está estupenda, una luchadora empedernida que no se deja tumbar ni amedrentar ni por su defendido ni por el sistema. Es una película de sota, caballo, rey, pero, aún con sus flaquezas y un esquema tan previsible, es un buen drama, convincente y efectivo tanto en el fondo como la forma.

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