17 de junio de 2021

Críticas: Spiral: Saw

La ambivalencia de la rutina en Spiral: Saw.

Cuanto más larga se vuelve una saga, más clara parece la ruta que debemos seguir. Conforme una franquicia mediática se asienta en un éxito económico prácticamente garantizado, las decisiones narrativas a tomar a medio plazo son cada vez más evidentes. Como todo negocio con inversión a amortizar por vías reconocibles, el riesgo parece un ingrediente a desechar. Y esta actitud empresarial se reproduce una y otra vez en el mundo de las largas sagas de terror. Son tan numerosas las legiones de seguidoras que esperan de ellas lo mismo una y otra vez, que acaban tornándose ejercicios sumamente empobrecedores a nivel creativo e incluso cinematográfico. El dilema, sin embargo, se recrudece cuando se trata de regresar a una serie que lleva años aletargada. Una nueva entrega llamada a revitalizar el relato o a reiniciarla, lo que supone una oportunidad dorada para trazar nuevos horizontes. La película que nos ocupa entrañaba ese desafío que suscitaba la inquietud de la crítica: Spiral: Saw, segundo reinicio de la popular franquicia de torture porn en los últimos cuatro años. Partiendo de la base de que el que escribe estas líneas es todo un ignorante en lo que a este conjunto de películas se refiere, por lo que aquello que no me convenza haga las delicias de los fanáticos de las películas anteriores. Procuraré por tanto de analizarla como obra en sí misma por un lado y como anexo de un corpus preexistente por otro. Y creo que nos hallamos ante una producción eficaz que dista de ser una calamidad, pero sí que se queda a medio camino en todos los frentes. Ofrece interesantes novedades pero ejecutadas con cierta torpeza dramática, y es lo suficientemente familiar para producir confort en los habituales pero sin frutos especialmente destacables.

Cabe destacar de esta película la eficiencia y cierto nivel de sus valores de producción, lúcida en lo que se refiere a espacios diferentes y diseños de los mismos, labor complicado en lo que no dejan de ser películas verdaderamente baratas (la base del negocio se encuentra en como recuperan lo invertido prácticamente en su primer fin de semana en taquilla). El cambio de registro de un habitualmente cómico Chris Rock supone un argumento llamativo, y debo reconocerle que no desentona en absoluto (se implica en intensidad con su personaje, y dista de hacer un buen trabajo, pero le sucede lo mismo al resto del reparto, con la excepción de Max Minghella y Samuel L. Jackson). La premisa argumental resulta algo diferente y atractiva, y su construcción en permanente pesquisa hacia delante hace que el filme resulte muy llevadero, amén de fácil de ver para aquellos a los que no les impresione la casquería. Hay un esfuerzo por dotar a los personajes de un trasfondo dramático, así como de matizar el conflicto y motivaciones del maquiavélico asesino de identidad secreta que aniquila mediante trampas perversas en todo un homenaje al legado de Jigsaw (la presencia de Tobin Bell en esta saga es tan imprescindible que incluso aquí no puede faltar alguna fotografía). Hay suficientes dosis de drama de personajes, investigación policial y gore macabro como para entretener al espectador en todos sus frentes.

Filme de ideas entonadas pero malogrado, en suma, por una ejecución muy poco inspirada y funcional. Es un trabajo al que le falta personalidad y algo de implicación e intensidad en la puesta en escena de sus resortes argumentales. Es curioso que Lynn Bousman, uno de los directores que más conoce la saga, sea el responsable de una realización tan perezosa, con encuadres para salir del paso, tomas de seguimiento atropelladas (el feo recurso del metraje acelerado y en rotación se repite en esta entrega). Pero lo más errado de Spiral: Saw es su monotonía, su falta de cadencia emocional. Todo se encuentra en un nivel de intensidad y tensión máxima, no hay valles ni momentos de respiro. Y si bien recibimos mucha información de los personajes, el efecto sorpresa no se pierde pero la conexión emocional nunca resuena, pues todo se nos narra oralmente y mediante la intermitente introducción de flashbacks. Y en lo que a las trampas se refiere están bien ejecutadas y diseñadas, pero ninguna de ellas es especialmente ingeniosa, ni impactante ni memorable.

En suma, un ejemplo de entretenimiento de terror que cumple de sobra con los mínimos, funciona como ligera enajenación en salas y hará las delicias de los más fanáticos al hombre puzzle y las trampas picadoras de carne. Por lo demás, con Spiral: Saw nos encontramos ante un filme extremadamente mediocre, con muy poco que rescatar.

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