17 de junio de 2021

D’A Film Festival 2021: Crónica 2

La excelencia con Las cosas que decimos, las cosas que hacemos y Malmkrog.

«Le véritable amour ne s’intéresse qu’au bonheur de l’autre.» La mejor línea de diálogo del año cinematográfico, una certera reflexión sobre lo que es el amor y que condensa toda la grandeza y multiplicidad de capas de Las cosas que decimos, las cosas que hacemos, a su vez, una de las mejores películas del 2020. El D’A Film Fest se reservaba dos de sus platos fuertes para los dos últimos días y ninguno de los dos ha decepcionado, al contrario. La película de Emmanuel Mouret emerge como un magistral tratado sobre las relaciones sentimentales y una precisa y amarga disección de ese sentimiento tan innato y anhelado que es el amor. Un sentimiento que puede suponer la felicidad más absoluta o la resignación del conformismo, pasando por el proceso de auto aceptación o la expresión de la confianza o el egoísmo. En cualquiera de estos casos es, de un modo u otro, la instantaneidad del joie de vivre.

La película se desarrolla a partir de la conversación entre Daphne y François, el primo de la pareja de ella; ambos se van contando sus desventuras amorosas, debaten sobre qué significa amar y reflexionan sobre cómo y porqué han llegado a ese momento vital. Bajo su liviandad, en Las cosas que decimos, las cosas que hacemos todo es profundidad, entre el humor sutil e inteligente y el drama desprovisto de todo elemento artificioso. Diríase la vida y nada más. Mouret se fija en los grandes autores de la nouvelle vague para reincidir y reinterpretar unos temas y códigos cinematográficos que no tienen un final determinado, siempre y cuando haya cineastas capaces de brindar obras tan estimulantes y reflexivas como ésta. ¿No hay nada nuevo en ella? No, ¡ni falta que le hace! Sus personajes, su guion, su cadencia, su estructura narrativa, sus encuadres, todo en la cinta está tan bien armado que, al contrario, sorprende apreciar cómo una(s) historia(s) tan vista(s) puede(n) resultar tan apasionantes como el primer día y dejar tan poso en el espectador. Además, esta personal y certera receta del amor tiene dos grandes ingredientes más: un reparto sin mácula (a destacar Camélia Jordana y Émilie Dequenne) y una exquisita selección musical. Imprescindible.

Malmkrog

El otro plato fuerte del certamen barcelonés para su último fin de semana ha sido la mastodóntica Malmkrog. El nuevo trabajo del rumano Crisi Puiu tras la espléndida Sieranevada vuelve a enclaustrar a un grupo de personajes en un espacio cerrado a divagar sobre temas tan hondos y existenciales como la condición humana, la religión, la política o el supremacismo europeo. En esta ocasión, cinco aristócratas se reúnen en mansión en Transilvania; ellos conversan en francés, como todo buen señor de la Rusia imperial; el servicio cumple sus funciones mientras tanto (ellos sí hablan en ruso). A veces para Puiu son lo más importante: cómo doblan los manteles, apagan las velas de la mesa o recogen las copas de celebración. Una contraposición de clases que añade un granito más al discurso filosófico de la cinta: cinco personajes enfrentándose a la insoportable realidad de ser, de existir y todo lo que ello conlleva.

Galardonada en el Festival de Sevilla con los premios a la mejor película y guion, Malmkrog imprime su grandeza en dos decisiones formales y estilísticas: la primera, articular su relato en el ocaso de un siglo y el albor del siguiente, el cambio social inminente e imparable; la segunda, la dicotomía entre la soberbia y el miedo instaurada sus protagonistas, incluida esa irrupción violenta a mitad de metraje y el devenir de su conversación hacia la figura de Dios, la resurrección y el temor a la muerte. Una película –cabe reconocerlo- de visionado nada fácil, son tres horas y veinte de conversaciones en largas escenas, pero al final es un hecho tangencial para mostrar la grandeza fílmica de Puiu. Quizás es «café para cafeteros como dirían algunos», pero si es del sabor que a uno le gusta, quedará embelesado por la propuesta visual y textual del cineasta rumano. Un filme, probablemente inabarcable en un primer visionado, pero capaz de sacudir al espectador con su mayúscula propuesta.

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