17 de junio de 2021

Críticas: Expediente Warren: Obligado por el demonio

Nuevos caminos para el matrimonio Warren.

Amo al matrimonio Warren. Venga esta declaración de amor de antemano. No porque sean los protagonistas de dos de las mejores películas de terror de este siglo. Vaya, por esta razón también. Sino por la riqueza de sus personajes, lo bien narrada y desarrollada que está su relación y porque, en última instancia, ellos son lo más relevante frente al misterio y festival de sustos de las películas de la saga The Conjuring (también con su participación en Annabelle: vuelve a casa). Expediente Warren: Obligado por el demonio cambia de director (Michael Chaves sustituye el reverenciado James Wan) y rumbo en la saga: abandona las casas encantadas por un caso de exorcismo con tintes de un thriller policial al estilo True Detective.

¿Demasiados cambios tras dos filmes alabados por crítica y público? Puede. No obstante, el nuevo director, cuya credencial previa es la irregular La llorona, logra buena nota ante el reto de enfrentarse a una tercera entrega mientras James Wan partía hacia el universo DC con Aquaman. Este Expediente Warren: Obligado por el demonio presenta un caso que conmocionó a los EE. UU. a principios de los años 80 cuando el joven Arne Cheyenne Johnson mató con 23 puñaladas a otro hombre. Él no recordaba nada de lo sucedido y aseguró estar poseído. El matrimonio Warren no tenía ninguna duda, antes ya habían presenciado el exorcismo al hermano pequeño de la novia del asesino. A partir de aquí Ed y Lorraine emprenden una investigación paranormal, con todos los ingredientes de una investigación policial (aquí son Mulder y Scully de Expediente X totalmente), para demostrar la «inocencia» del joven. Porque, como aseguran los protagonistas, si la justicia confía en Dios y se jura la Biblia, ¿por qué no debería reconocer también la existencia del demonio?

Con toda esta premisa y el inusual enfoque, cabe dejar bien claro que Expediente Warren: Obligado por el demonio es mucho menos aterradora que sus predecesoras, pero que solventa esta carencia con una trama principal muy bien armada e intrigante y, por supuesto, por nuevas (y emotivas) dosis del matrimonio Warren: el guardapelo, el flechazo al salir del cine y la caseta del jardín. Esta tercera entrega comienza con un sensacional prólogo, con guiños a El exorcista muy bien introducidos, una secuencia que nada tiene que envidiar al virtuosismo de James Wan en las dos anteriores. Luego ya Michael Chaves emprende otro camino hacia el thriller criminal más convencional, aderezado con una trama de ritos ancestrales y almas oscuras tejiendo los hilos del destino de los protagonistas. Una historia que atrapa y ofrece algunos momentos realmente remarcables, sobre todo, la conexión mental del personaje de Lorraine y su macabra concepción del horror. Pese a estas virtudes, Chaves no termina de encajar bien todas sus piezas y parece estar en búsqueda constante del tono, como si querer escapar de la sombra de James Wan hubiese sido peor que calcar su estilo.

Y, como decía al principio, al final la espina dorsal es el matrimonio Warren. Una de las historias de amor más bonitas, en el buen sentido del término, del cine reciente. El flashback en esta tercera entrega es un regalo y los problemas de salud que acarrean ambos es la excusa perfecta para volver a sufrir con ellos y adentraros plenamente en la investigación y lo terrorífico. Y, como siempre, adornando el tema musical de Mark Isham, el himno sinfónico de esta saga, con permiso de las notables y efectivas BSO de Josep Bishara.

En Expediente Warren: Obligado por el demonio se echa de menos el perfeccionismo visual de James Wan y sus míticas escenas, el mejor ejecutor de los trucos del cine de terror reciente. Aún así, esta tercera entrega es muy estimable por una trama principal suficientemente potente y una pareja protagonista con tanta química como siempre.

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