28 de septiembre de 2022

Críticas: Drive my car

Un trayecto que vale cada minuto.

Un Saab 900 rojo. Un vaivén por las carreteras de Hiroshima. Dos almas dolientes que, sin quererlo ni buscarlo, emprenden un viaje progresivo hacia la redención y el perdón. Estos son los elementos que caracterizan a Drive My Car, la ganadora del Premio del Festival de Cannes al Mejor Guion.

Su extensión no deja indiferente a nadie. Ryūsuke Hamaguchi convierte al cortísimo relato homónimo de Haruki Murakami en una experiencia introspectiva de 180 minutos, algo común -e incluso breve- para el director de Happy Hour (2015), reconocido por su afán de retratar los momentos cotidianos en tiempo real, con las pausas y silencios necesarios para penetrar gradualmente en el espacio y las emociones de sus personajes. De esta forma conocemos a Yūsuke Kafuku (Hidetoshi Nishijima), un aclamado dramaturgo, y su esposa Oto (Reika Kirishima), una guionista de televisión cuyas historias brotan a borbotones durante los encuentros sexuales con su marido. La muerte repentina de esta dejará al protagonista en un trance, dominado por la desolación y la impotencia.

Tiempo después, Kafuku viaja a Hiroshima para montar una versión multilingüe de Tío Vania, de Antón Chéjov y, por primera vez en años, su inquebrantable refugio sobre ruedas es penetrado por una presencia externa: la de Misaki (Tōko Miura), su joven conductora designada. Su interacción comienza con recelo, pero cada kilómetro recorrido derrumba una pequeña parte de las barreras construidas por dos personas inmersas en la culpa y el rencor, atormentadas por los secretos guardados y los sentimientos no verbalizados. Poco a poco, el coche se convierte en un confesionario que conduce a los pasajeros por el sinuoso camino del duelo, representado por planos generales de los extensos trayectos. El cineasta honra y respeta a sus personajes, y les permite navegar lentamente a través de la rabia, la tristeza y la aceptación.

Si bien es verdad que en la filmografía del japonés abundan los silencios y otros detalles más bien sugerentes, Drive My Car pertenece al cine de palabra y tiene sustento en los diálogos. No en vano presenciamos las lecturas, ensayos y presentaciones de la obra rusa, que narra y escenifica la vida de unos personajes agonizantes, aletargados por la desesperanza y el infinito transcurrir de los días. Sus monólogos son un reflejo del mundo interno del protagonista y su elenco de actores que, a pesar de no hablar el mismo idioma -una es, incluso, muda- transitan por igual el dolor universal de la pérdida. Quizá una de las escenas más emocionantes sea la conversación que Kafuku mantiene con Kōji Takatsuki (Masaki Okada) -dentro del Saab 900 rojo, naturalmente-, el joven actor que ha escogido para protagonizar su obra y quien fuera el último amante de Oto. Durante ese intercambio, el director entiende que su compañera guardaba más secretos de los imaginados, y que cada vínculo afectivo es distinto, pero todos son trascendentes y dejan huella. La secuencia culmina con el traspaso de Kafuku al asiento de copiloto, la propia confesión de Misaki y el planteamiento de las preguntas: ¿realmente conocemos a fondo a nuestros seres queridos?, ¿tiene el dolor algo de positivismo implícito?

Se trata de un filme con un guion de gran complejidad -co escrito por el propio Hamaguchi y Takamasa Oe-, con un tramo final fundamental que consagra al arte como medio de destape y autoconocimiento. Es, de cierta forma, un road trip -literal y simbólico- que invita a los personajes a seguir conduciendo en línea recta, a entender el pasado como pieza fundamental de un todo, tal como un espejo retrovisor al que puedes mirar, pero sólo de vez en cuando; de hecho, no es coincidencia que el clímax suceda en Hiroshima, una ciudad con un pasado agónico y un presente de progreso. El acto final de Tío Vania, recitado en lenguaje de señas por el personaje de Park Yoo-Rim ya es, sin duda, uno de los momentos más emotivos del cine contemporáneo. “Y con sonrisas tiernas en nuestros rostros, recordaremos nuestro dolor. Y finalmente tendremos que descansar”.

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