25 de junio de 2022

Críticas: Live is life. La gran aventura

Apelar a la nostalgia y el llanto.

En junio de 2021 se presentó en la XXIV edición del Festival de Málaga la última película de Dani de la Torre, Live is life. Justo un año después, llega por fin a las salas comerciales esta oda a la amistad y a la vida de la mano de Atresmedia Cine. El título de la película hace alusión a la famosísima canción homónima del grupo austriaco Opus, canción cuya letra quizá no representa la esencia de la película, pero cuyo título sirve de lema para esta cinta.

Tras dirigir El desconocido (2015) y La sombra de la ley (2018) teniendo recepciones medianamente buenas por parte de público, no tanto de la crítica, Dani de la Torre da un giro a su carrera con una película totalmente diferente. El drama humano sigue muy presente en Live is life pero dejando de lado la oscuridad y el tono de thriller que poseían sus dos anteriores trabajos y lanzando un rayo de esperanza. Esto ­además de en el guion, como es evidente­, se ve reflejado en la fotografía y en la iluminación, siempre muy luminosa (valga la redundancia) y algo neutra dejando paso solo a los rayos de sol buscando el naturalismo exprimiendo los recursos que le dan al cineasta que el escenario de la película sea un pueblo en la sierra. Pese a no dotarse de un gran virtuosismo y ser preciosista, la fotografía consigue funcionar correctamente con el tono luminoso de la película, fallando sobre todo en el exceso de uso de planos con dron. Dicha luminosidad se ve en la historia.

Un grupo de amigos que acaban de empezar sus vacaciones de verano y pasarán la noche de San Juan en busca de unas flores que puedan solucionar todos sus problemas y desgracias, algunas demasiado grandes para ser soportados por los hombros de unos adolescentes. Pese a las desgracias que hay en sus vidas, el tema principal es la amistad que existe en este grupo, la cual parece irrompible y capaz de solucionar o al menos paliar cada uno de sus problemas. Tenemos nuestra Cuenta conmigo (Stand by me, Rob Reiner EE UU, 1986) y Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, EE UU, 1985) a la española. No es casualidad que la historia de Live is life se desarrolle en 1985.

Ser una historia con tanta luminosidad y con referencias claras tan populares que apelan a la nostalgia puede conquistar al público general, pero también provoca que la historia esté repleta de clichés tanto en la trama como en los personajes. Tenemos al niño con problemas en el colegio, al pobre de padres desinteresados, a los gemelos con uno enfermo y otro siendo el chulito y el niño gordo consentido. Los tópicos más grandes vienen con los personajes secundarios, o casi terciarios al estar la historia tan centrada en el grupo protagonista. Desde la niña pija que le gusta a alguien del grupo, pasando por el padre estricto hasta el grupo de quinquis que solo se dedican a molestar y van en moto con chupas de cuero. El trato de la mujer es otro gran problema de la cinta, limitándose a la abuela buena, la madre que no se entera de nada o a ser la novia de, siendo elementos sin personalidad y no personajes reales.

Live is life es una película hecha para el público (masculino sobre todo) que apela a los sentimientos sin disimular el uso de la música para provocar el llanto y a la nostalgia. Una película que, pese a no brillar, consigue funcionar correctamente y remover algo en el interior del público.

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