4 de diciembre de 2022

Festival de Sitges 2022: Crónica 3

Honor, dolor y mimos.

Los programadores siempre juegan con la prensa en sus elecciones matutinas. La del sábado comenzaba necesariamente con Sadrac González-Perelló, que se ganó una reputación gracias a lonchas de jamón y sci-fi de salón con Black Hollow Cage. Sabiendo que es una especie de mito más allá de lo logrado (o no) de su cine, con su segunda película Asombrosa Elisa (y debo decir que ha disfrutado de la marquesina publicitaria más grande del festival) quiere dibujar paralelismos con el heroísmo cotidiano sin ocultar sus referencias “vermutianas”, donde trata de epatar con el ridículo y despuntar con la sequedad, sin que realmente funcione nada en estas fórmulas. Combinando la idea del cómic, la narración externa y los episodios tensos y prolongados intenta construir grandilocuencia en sus vacíos inspirados y sus actores obligatoriamente acartonados. Algo falla cuando, tras un Capítulo final, suspiramos cómicamente al descubrir que le sucede un Epílogo. Puede que esto sea indicativo de un resultado más pretencioso de lo necesario.

Los cinco diablos

Dominando los personajes femeninos, Léa Mysius da un salto hacia el fantástico en Los cinco diablos sin apenas artificios, formulando una historia de tiempos compartidos y personajes atrapados en una vida imperfecta. A través de la poliédrica mirada de una niña y con la excusa de un olfato hiperdesarrollado que permite atravesar las barreras de supuestos viajes temporales, compartimos una historia donde se subraya la idea del destino y de la posibilidad de alcanzar la felicidad, donde el amor (fraternal, maternal, pasional) se eleva como un lenguaje nuevo a través de canciones que en ocasiones se comen las imágenes, pero que saben comprometerse con una idea sencilla pasada por el filtro de la nostalgia, la brujería y la ciencia-ficción. Sin dejar de lado su intención de ser cercana, se aprovecha de las miradas voyeurísticas para reformular cómo el futuro y el pasado de una espléndida Adèle Exarchopoulos puede sorprender y a la vez estar atado a un mundo predefenido.

Unicorn Wars

Osos amorosos en pie de guerra. Alberto Vázquez afina su imaginario en Unicorn Wars, la más espléndida propuesta de animación que he encontrado en Sitges 2022. Aprovechándose de nuestra memoria infantil (como ya hizo en Psiconautas con La aldea del Arce) y de un gran repertorio de cine bélico que referenciar, la película nos lleva entre destellos de un ácido humor negro y el drama del despotismo de la guerra por la reconstrucción de dos mundos (osos y unicornios), cada uno con un estilo visual propio, para desgranar la oscuridad de Azulín y sus compañeros de fatigas en una meditada metáfora del fin de una era. Locuaz y divertida, no hay forma de apartar la atención de esta colorista y asalvajada historia en la que los niños no están invitados, capaz de enfatizar temas arraigados en las cruentas guerras más allá de la sangre de unicornio, sin perder de vista su objetivo de sorprender con sus imágenes, en un recorrido por todos los errores humanos representados por adorables animales dispuestos a acabar con la moral de cualquiera. Hechizada por la violencia más adorable y original.

El espionaje coreano es todo un galimatías en manos de Lee Jung-jae, que debuta en la dirección y se reserva de paso un papel protagonista en Hunt, donde las dos Coreas quedan entrelazadas en un juego donde todos son ratones y todos son gatos, y hay que hacer grandes esfuerzos para seguir una trama que se deconstruye a cada momento, donde el peligro acecha y cualquier personaje lleva, en cierto modo, la palabra “héroe” y “culpable” escrita en la cara. Sin apenas respiro en sus más de dos horas de metraje, nos encontramos con un carrusel efusivo donde la intriga permite lucir sus escenas de acción. Eso sí, no podía faltar la confusión y la necesidad de una guía para mantenerse al día ante tantos giros de guion y de foco informativo, pero resulta una correcta puesta al día de la recién recuperada sección Órbita en el festival.

Hunt

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