26 de noviembre de 2022

Festival de Sitges 2022: Crónica 4

Increíble pero cierto: un buen día.

Comienza Piove con una lluvia sentenciadora de dramas familiares y muertes cruentas a lo largo de la historia, una pista de lo que nos promete el debut de Paolo Strippoli en solitario, dejando de lado que ya participó en la divertida y recomendable La clásica historia de terror con Roberto De Feo. Nada que ver. Será el drama familiar y la desconexión comunicativa lo que centre esta película, mojando las calles de Roma con algo más que con agua. A través de la condensación del líquido elemento que parece arrastrar los males de toda la humanidad, Strippoli se permite la licencia de transformar a los hombres en máquinas de rencor, donde la metáfora atraviesa la imagen y articula sorprendentes y dolorosas representaciones de la ira mal gestionada. Así, logra afianzar paralelismos entre los pequeños abusos diarios ante los que callamos, que siempre dejan un resquemor que tragar, con el terror primario y más cruento. Despertamos entonces en una Piove pequeña pero atrevida, que sabe mezclar elementos para contar su historia sin que el drama familiar, ese que se fusiona con el odio remanente, pierda fuerza ni se sobrealimente en ningún momento. Sin duda un buen comienzo, una pequeña sorpresa ajena a los sustos de manual.

Leonor will never die

No es de extrañar que el jurado se fijara en Martika Ramirez Escobar para premiarla como mejor directora de Noves Visions, puesto que su película, Leonor Will Never Die, es toda una peripecia. Además de terminar con la sensación de querer ser adoptados por su heroína, su invitación a llevar un poco más allá la idea del metacine es maravillosa. Divertida, con mucha acción y resultando un original homenaje a la construcción de un guion, Martika rompe todo tipo de esquemas con la simple excusa de una tele voladora y un estado comatoso hiperactivo. El cine de acción filipino se convierte en sí mismo en un plató donde precipitar todas las ideas inacabadas de la propia Leonor, que reconstruye y destruye al gusto, mientras va interaccionando con la ficción. No pierde la oportunidad de introducir la comedia absurda, el rebuscado romance e incluso apuntes de superación personal, para convertir el boceto, recreación y montaje de una película en una fiesta. Leonor Will Never Die es una de esas originales propuestas que resucita los excesos narrativos que obsesionan a los autores, sin perder de vista el espectáculo y el fanatismo personal. Es fácil contagiarse del amor que la directora profesa por el cine.

Quentin Dupieux, parte I. Una de las experiencias más buscadas en Sitges es encontrarse con Dupieux y su humor absurdo. Este año pudimos empezar con Incroyable mais vrai, donde juega con la expectativa de qué será eso que nadie creería y lo traslada a una crítica social sobre la aceptación del paso del tiempo. ¿Viejo yo?, viejo tú, si acaso. Conversaciones hilarantes, revitalización de su clásico error por repetición, un Benoît Magimel desatadísimo y alocado como pocas veces podremos verlo en el cine y un metraje corto y directo para divertirnos y disfrutar la película todavía más cuando pasado el tiempo podemos reflexionar sobre sus vaivenes. Parece que la fórmula Dupieux está lejos de verse desgastada por ese reloj que orbita sobre su película.

Princesse Dragon

Momento zen con una película infantil y coqueta como Princesse Dragon. Aunque fuese Mutafukaz la que nos retara a ver esta nueva película de la productora Ankama Animations, lo cierto es que nos encontramos ante una fábula liberadora donde las mujeres (niñas en este caso) encuentran el modo de liderar frente a las mentes codiciosas de los poderosos. Verdes bosques y una dragona singular y personalísima tan verde como ellos, inspiran esta historia divertida, relajada y fantasiosa llena de aventuras y sororidad.

De aquí saltamos a los tipos serios llegados del thriller coreano. Esta vez no uno formulaico, sino una propuesta diferenciadora y potente que nos trae el actor Jeong Woo-seong en su debut como director. A Man of Reason posee la excusa de redención a través de un Su-hyuk (interpretado por el mismo director), quien quiere recuperar su vida y ser al fin una figura paterna, ofreciéndonos en bandeja una historia de viejos asuntos por resolver. Acción meditada, buenas actuaciones y un alocado psicópata incordiando hacen que la mezcla de muchas pequeñas casualidades nos ofrezcan una aventura tan oscura como nocturna donde el objetivo siempre consigue sobrevivir. No pierde la ocasión de tomar apuntes de la cultura occidental para romper con los signos de siempre, incluyendo una conocida canción de Gotye que sonoriza como base en varias escenas. Sin utilizar la carta del antihéroe inmortal, Woo-seong sabe alimentar a cada momento esta historia donde la venganza se mezcla con el deseo de reparar el pasado, ofreciendo una amalgama de personajes truculentos y desquiciados que disfrutar con los puños bien apretados.

A man of reason

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