29 de febrero de 2024

Misión imposible: Sentencia mortal – Parte I

Soy ateo, pero ahora creo.

Si comienzan a leer esta crítica es porque quieren saber qué tal lo último de una de las sagas de acción más reconocidas del audiovisual. El título de la crítica también despista bastante. Y a mí puede que no me hayan leído nunca, pero estoy seguro de que se están preguntando: ¿Como está esa primera parte de la saga con una de las sintonías más machaconas y resultonas de la historia? Lo que seguro que no esperan leer es que yo soy ateo, lo soy de las películas comerciales, qué vamos a hacerle. Y sin embargo, esta película me ha hecho querer ver las anteriores. Confieso que solo he visto las tres primeras.

Ahora que ya nos conocemos, que me he quitado la careta, vamos a hablar de lo que de verdad importa, porque poca importancia tiene ante una crítica la opinión ni mucho menos los gustos de un Don nadie que se enfrenta a una creación fílmica, la autoral y la más meramente comercial. Lo que importa es el texto en sí, es decir, no nos engañemos, el propio film, no el texto que después hagamos de ella los cinéfilos o amantes de la diversión fílmica, lo que ustedes están leyendo: La crítica. Lo que importa es el propio disfrute del film y su análisis interno, aunque algunos lo verbalicemos para que otros lo lean.

De eso vengo a hablarles en realidad. Del disfrute. De sentarse en una pantalla durante dos horas y medias y que todo lo que alrededor sea ruido o incluso dolor, desaparezca, hacer que los problemas dejen de serlo porque de repente lo que nos preocupa es encontrar una llave que abre no se sabe qué, algo tan simple y aparentemente banal que nos podría retrotraer a la infancia.

Con un sinfín de giros, de escenas de acción increíblemente rodadas, con un incombustible Tom Cruise que no precisó de dobles en algunas escenas donde se jugó literalmente la vida, Misión Imposible: Sentencia mortal – Parte I es una constante escalada hacia el más difícil todavía, una misión imposible real, que nos mantiene en órbita permanentemente.

La tensión está latente en cada secuencia, dejando dos particularmente memorables por los efectos especiales y el montaje: una de ellas como un juego de despiste humorístico en el aeropuerto y la otra sublime a todos los niveles de un tren en marcha abocado a la explosión y a la muerte de todos sus pasajeros.

Solo por ellas ya merece la pena el viaje, háganlo, igual se hacen ateos, pero como diría C. Tangana: Yo soy sin duda ateo, pero ahora creo, porque con Misión Imposible: Sentencia mortal – Parte I he vuelto a creer en el cine de acción, en el cine de feria, de entretenimiento. En ir al cine solo como divertimento como disfrute. Y se lo agradezco a su director y le agradezco que esta sea la primera de las dos partes de esta historia porque sé que en 2024 me espera una segunda parte que puede que espere con la misma ilusión que el cine más autoral llegado de Venecia o Cannes. Gástense el dinero, vayan a verla en pantalla grande, la mayor que puedan y disfruten. El cine también es eso.

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