23 de abril de 2024

Festival de Sitges 2023: Cuando acecha la maldad

Hablamos sobre la ganadora de Sitges 2023.

Apenas unos minutos necesita Demián Rugna para captar la atención del espectador en su nuevo largometraje, Cuando acecha la maldad. Una situación anómala parece cernirse sobre el pueblo en el que Pedro vive junto a su hermano cuando, en mitad de la noche, oigan diversos disparos que no atribuyen a la que se podría asumir como opción más lógica: la presencia de un cazador en la zona. Será en la visita a una de las familias que habitan esa zona, donde se encontrarán con una realidad amenazadora a través de la cual el cineasta argentino constituye un universo en el que en todo momento clarifica las normas mediante personajes o secuencias tan obvios en ocasiones como elocuentes en otras, y es en ese detalle donde quizá reside la fuerza del nuevo film del autor de Aterrados: el cauce tan directo que confiere al relato no hace sino aumentar unas propiedades que lo convierten en adictivo, llevándolo un poco más allá del impacto que suscitan ciertas escenas que, a su vez, alimentan un microcosmos tan bien dispuesto, que no solo da un giro de tuerca al cine de posesiones e infectados, sino además emana un tono ágil, intenso, vertical.

De este modo, y si en Aterrados primaba la composición de un horror sobre el que se vertebraba el anterior trabajo de Rugna, Cuando acecha la maldad apuesta por una fórmula tan a priori más elemental y epatante como en el fondo efectiva. Ello no implica ni mucho menos que en la propuesta que nos ocupa el realizador no sea capaz de tensar un clima a ratos desconcertante: más bien al contrario, sabe emplear todas las cartas a su disposición para crear una atmósfera viciada, tan extraña como imprevisible, en la que plasmar secuencias que fácilmente permean en la retina del espectador creando un hálito de confusión que es el que en más de una ocasión asalta a los protagonistas ante la coyuntura que viven. Ese carácter tan voluble es un generador de estímulos a través del que Cuando acecha la maldad percute con una fuerza inusitada, siendo capaz asimismo de encontrar algún que otro alivio cómico que otorgue un punto de desahogo a una trama que durante su primer tercio no cesa de proponer soluciones y nuevos lugares que, por comunes que puedan resultar, sirven como disparador de un mundo que se antoja algo más que un constante hervidero de situaciones. Al fin y al cabo, es mediante estas como se define la condición de un universo que abarca no pocas posibilidades.

Lejos de esa construcción tan sencilla como eficiente, espoleada por su vigorosa narrativa, la nueva obra de Demián Rugna quizá peca en cierto sentido de una planicie visual que, si bien no empaña la voluntad del film por continuar escarbando en inhóspitos parajes de un género que, de tanto en tanto, pide a voces cineastas como el argentino, sí se muestra muy por debajo de la inventiva que el realizador propone a través del libreto. Y es que, si bien Cuando acecha la maldad posee en su planificación virtudes sobradas para articular el tono desde el que se cimienta el relato, no otorga en el aspecto visual incentivos que puedan magnificar esos aciertos y llevar la propuesta a estratos quizá un tanto más sugestivos. Ello no es óbice, claro, para negar las bondades de una película que por méritos propios se ha convertido en uno de esos títulos no sólo a rescatar, sino además a reivindicar como estampa de un horror que las veces se pierde entre tanta propensión a la autoritis y a un cierto desapasionamiento o falta de vigor que Rugna evita haciendo de Cuando acecha la maldad uno de esas ventanas al terror más puro, aquel que habita en un desconocimiento que tan pronto nos debilita como hace emerger una amenaza que a fin de cuentas nosotros mismos provocamos.

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