22 de abril de 2024

Festival de Sitges 2023: Las contrabandistas de Guncheon

No podía faltar un thriller coreano en Sitges.

Ryoo Seung-wan es sin lugar a dudas uno de los nombres propios del thriller coreano, ya sea por una carrera que lleva años extendiéndose y encontrando nuevos recovecos, como por tener en su haber piezas como Arahan, Crying Fist, The Unjust o la más reciente Por encima de la ley. El coreano se ha asentado así como uno de los cineastas ineludibles en su país, e incluso muy a tener en cuenta en mercados ajenos, hecho contrastado con la ovación que le brindó el Auditori de Sitges tras el pase de su nuevo largometraje, Las contrabandistas de Guncheon (Smugglers es su título internacional), una cinta que sin embargo pivota más sobre otras vertientes del thriller que lo acercan a esa rama criminal que el Ocean’s Eleven de Steven Soderbergh (y las que llegaron detrás) revivió hace algo más de dos décadas. Es, de hecho, en el terreno formal, donde la obra que nos ocupa se muestra muy cercana a algunos de los rasgos de este tipo de propuestas (ya desde un montaje dinámico que incluso incluye elementos estilísticos muy comunes como las pantallas partidas, pasando por una gran banda sonora con ecos del trabajo que realizó David Holmes para la película de Soderbergh), agilizando en torno a estos una narrativa que no se resiente en ningún momento (algo a tener en cuenta ante los en ocasiones abultados metrajes que provee el thriller coreano) y que sostiene a la perfección un relato que no siempre funciona con la misma fuerza, pero en líneas generales conserva un sentido del ritmo necesario como para no decaer.

Seung-wan presenta en Las contrabandistas de Guncheon una idea que, sin embargo, se siente desaprovechada por momentos, y es que si bien encuentra en sus tomas acuáticas un punto distintivo desde el que destacar, también es cierto que nunca llega a mostrar un atrevimiento que podría derivar en algo mucho más notable. Esto contrasta a la perfección con que una de sus mejores secuencias, ese enfrentamiento entre contrabandistas cercano al acto final, se sienta como poco menos que un islote en la crónica expuesta por el coreano. Sí, es cierto, como escena de acción es impecable, emergiendo como una de esas ‹set pieces› que, en cierta manera, pueden llegar a justificar el visionado, pero tan cierto como que se siente un tanto deshilachada en mitad de un relato donde no parece tener gran peso más allá de exponer, una vez más, las virtudes del thriller coreano y encontrar un instante para regodeo de sus seguidores. Funciona como entidad independiente, claro, ¿pero a cambio de qué? ¿de sacrificar la congruencia de un relato que no requería una secuencia así (por más que sea potente y nunca esté de más)?

Las contrabandistas de Guncheon muestra, pues, en unos minutos, una de las carencias que ha llevado al fenómeno del país asiático a ser poco más que una marca registrada, que un intento por perpetuar lo que funcionó sin el mismo éxito (porque es innegable que ese éxito continúa estando ahí, aunque sea a otros niveles).

Lejos de todo ello, el nuevo trabajo de Seung-wan funciona en términos generales, y aunque en alguna ocasión se siente poco más que un déjà vu (al fin y al cabo, aquello que propone, más allá del contexto, lo hemos visto ya demasiadas veces) e incluso llega a desperdiciar la oportunidad de lograr algo más grande (véase esa última escena en el mar con los contrabandistas, donde no se aprovecha la situación y la tensión queda dilapidada en un océano de complacencia), cuanto menos sigue indagando en un imaginario del que, de no haberse domesticado así, quizá estaríamos hablando en otros términos. Y, por más que esto no repercuta en la calidad de una cinta como Las contrabandistas de Guncheon, no deja de ser una síntoma de que cualquier tiempo pasado fue mejor, por tópico que pueda llegar a sonar.

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