3 de octubre de 2022

Críticas: Miguel Ángel (El Pecado)

Una mandarina mala.

Imagina que coges una mandarina con ilusión, el primer gajo sabe bien, el segundo también, el tercero está malo, el siguiente otra vez sabe bien, los dos siguientes saben mal, etc. Esto es lo que se siente viendo la película del director ruso Andrei Konchalovsky Miguel Ángel (El pecado) (Il peccato, Italia). Konchalovsky se embarca en el reto de plasmar en el cine la vida del artista renacentista Michelangelo Buonarroti dejando de lado el biopic al uso, centrándose en una etapa concreta de su vida, cuando termina el techo de la Capilla Sixtina y tras la muerte del papa Julio II, viéndose envuelto en la disputa entre las familias Médici y Della Rovere.

La película comienza de forma directa, sin preliminares, no se toma la molestia de presentar a su personaje protagonista pues ya bien es conocido por todo el mundo, adentrándose desde un inicio en sus pensamientos y problemática actitud, siendo esto el centro de la película. Con un inicio prometedor es con estos dos elementos con los que empiezan los problemas. El actor Alberto Testone hace un gran trabajo interpretando a la figura de Michelagelo, pero el guion sabotea su esfuerzo en partes del film. Los pensamientos en los que el personaje se sumerge abstrayéndose del mundo real y su problemática actitud de genio loco lo convierten en uno superficial, desaprovechando la gran oportunidad para representar un personaje complejo. No se adentra realmente en su interior, como si estuviesen preocupados por mostrar al genio loco al uso más que al ser humano detrás del artista, siendo esto ultimo la sensación que da la cinta de que esta es su intención, fracasando en el intento. Ejemplo de esto es cuando un personaje muere siendo Michelangelo el responsable y este casi no reacciona, para una escena después parezca que nada ha pasado apresurándose nuevamente a mostrar lo estrafalario que era el artista en su vida personal.

En este artificio de película brilla la cuidada fotografía y elección de planos, unido al gran trabajo de producción y arte la película logra planos que atrapan y trasladan a la Italia del siglo XVI, consiguiendo por unos momentos olvidar los problemas del guion. La película no trata solo sobre el artista, sino también sobre los conflictos entra los Médici y los Della Rovere, con sus respectivas tramas de corrupción política y mostrando de forma sutil la amoralidad de la Iglesia católica. Una trama muy interesante con un gran rigor histórico, tan interesante que provoca querer saber más de ellos y menos del protagonista de la película, pero nuevamente dando una de cal y otra de arena, pues cuando promete tanto se queda en nada y en una mirada superficial al conflicto. Da la sensación como si durante el desarrollo del proyecto los propios responsables vieron como esta trama superaba a la del personaje principal y cortaron por lo sano. Entre tramas también aparecen artistas como Raffaello Sanzio o se nombran a otros como Leonardo da Vinci, ambos sin aportar casi a la cinta, Raffaello siendo una caricatura, y de ambos no se nombra sus apellidos. Pareciera como si estuviesen puestos para que el espectador diga: ‘’¡Eh! Yo a esos artistas los conozco’’ y se dé una auto palmadita en la espalda.

La película termina casi igual que empieza, pero como inicio se siente prometedora y como final decepcionante. Como he dicho al empezar, una mandarina con un gajo bueno y otro malo, un cascara bonita que agarras con ganas, pero cuando encuentras el gajo malo te decepciona, pese a los buenos la sensación que queda es negativa, y esto es lo que ocurre con Miguel Ángel (El pecado), disfrutas por momentos pero la sensación final la marca los aspectos negativos del film.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

tres + cuatro =