21 de junio de 2024

Festival de Sitges 2023: Acide

Catástrofes en el Festival de Sitges.

El cine de catástrofes ha estado generalmente emparentado, de un modo u otro, a una espectacularización que no siempre juega en su favor, pues cualquier posible línea discursiva puede quedar diluida en secuencias cuya principal baza es una hipérbole que, bien entendida es posible que funcione como un aliciente más, pero en caso contrario puede desmoronar unas bases establecidas con facilidad. Just Philippot, que se postuló como una de las esperanzas del eco-terror en 2020 —paradójicamente, el año de la pandemia— con su notable debut, La nube, regresa ahora con un nuevo trabajo, Acide, del que bien pronto asienta los cimientos: y es que poco más que una secuencia —un tanto estirada, eso sí— necesita el galo para empezar a dar forma al tono de un film que huye de los parámetros habituales de este tipo de producciones, forjando una suerte de tejido social que, si bien tampoco se amplifica hasta el punto de convertirse en núcleo del relato, cuanto menos delimita sus posibilidades y se impone como indicativo del rumbo de una obra que, ante todo, huye de caracterizaciones arquetípicas, haciendo de la construcción de sus personajes uno de los puntos fuertes de Acide.

Un hecho, el de esa construcción, ciertamente infrecuente si tenemos en cuenta que propuestas como la que nos ocupa suelen sacrificar o relativizar una faceta dramática en pos de otros aspectos. No es que en el nuevo film de Philippot estemos ante personajes de una pronunciada hondura, pero sí cuanto menos ante individuos que no se dirimen entre la planicie y los efectos digitales. Imperfectos, contradictorios, impulsivos, e incluso tan crueles como el mismo tejido del film, los protagonistas de Acide otorgan una dimensionalidad distinta al relato, logrando que los conflictos que presentan no sean un simple remedo para hacer avanzar la trama y disponer un recorrido sin motivación alguna más allá de los imponentes y espectaculares pasajes que contendrá cualquier disaster movie que se precie.

Es, en ese aspecto, donde la obra del galo gana enteros, desmarcándose de un carácter que Acide resuelve a través de un tono cruento, que no sensacionalista, y descarnado que recorre como un escalofrío algunos de sus momentos álgidos, consiguiendo que no solo estemos ante un título que se desmarca de lo habitual, sino asimismo refuerza la reflexión ulterior, desde el efecto de unas imágenes que nos quieren llevar a un lugar determinado y no únicamente buscan epatar.

Sí, es cierto, puede que el nuevo largometraje de Philippot en más de una ocasión abuse de ese factor casual que lleva a los protagonistas a resguardarse siempre en última instancia, cuando parecía que no había escapatoria, pero tanto como que nunca se despega de una fisicidad mediante la que describir con una ferocidad muy conveniente ese particular periplo. Así, no estamos solo ante un elemento empleado para aportar soluciones narrativas y dimensionalidad a los distintos conflictos, siendo este el espejo de un horror que, por ficción que resulte, cada vez se antoja más cercano y, por ende, terrorífico.

Acide constituye de este modo una muestra de eco-terror que cuida sus distintos aspectos, acercándose prácticamente a un cine apocalíptico que bien podría ser un reflejo de hacia donde nos dirigimos, y que Philippot acierta al engarzar en una obra donde el ser humano es individualista y mira por sus mismos intereses, dejando a un lado esas estampas tan comunes donde prima la heroicidad; al fin y al cabo, el autor de La nube tiene claras las problemáticas y defectos que nos llevarán a ese ficticio terror, y así lo plasma en una propuesta que no tiene desperdicio y que le sitúa como uno de los nombres del cine de género a seguir en un futuro tan próximo como lo parecen estar las cuestiones que arroja con convencimiento el francés en sus propios trabajos.

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