2 de marzo de 2024

Críticas: La zona de interés

La cotidianidad del Holocausto.

El director británico Jonathan Glazer aborda con audacia y sensibilidad, pero frialdad, uno de los períodos más sombríos de la historia de la humanidad desde el punto de vista de los ejecutores a través de esta adaptación de la novela homónima escrita por Martin Amis. La narrativa de la cinta se desarrolla en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial, un lugar donde la humanidad se desvanece y la moralidad se retuerce hasta desaparecer.

La película se adentra en la vida cotidiana del comandante de Auschwitz Rudolf Höss, su esposa Hedwig y toda su familia, presentando una perspectiva única al situarse en el punto de vista de los perpetradores, en lugar de en el de los sufrimientos de las víctimas como es habitual en el cine. El film logra sumergir al espectador en la brutal realidad del campo de concentración sin mostrar nada, siempre sugiriendo en ocasiones de forma más sutil y en otras más directa. El trabajo de sonido logra transportarnos al horror de Auschiwitz con los ruidos propios del horror que allí de vivió, sonidos que acompañan a los personajes durante toda la cinta. La impasividad y actitud fría de cotidianidad de los protagonistas hacer que la sensación de angustia y horror crezca en el espectador.

La actriz Sandra Hüller se convierte en el mayor valor de la película con cada escena en la que aparece. Sin escenas magnánimas, Hüller logra una actuación que certifica que 2023 ha sido su año de gracia. Jonathan Glazer compone escenas con encuadres meticulosamente compuestos como si de obras pictóricas se tratasen que logran resaltar la brutalidad de la situación mediante la dualidad de los dos mundos que allí existían pero no coexistían.

Lo más destacado de La Zona de Interés es su enfoque para explorar la psique de los perpetradores nazis. La película no se centra en condenar, sino que desafía al espectador a enfrentarse a la humanidad perversa y moralmente quebrada de los personajes, con los que se busca incluso que el espectador pueda empatizar. En ningún momento la cinta se posiciona de forma directa moralmente hablando, pero sí, mediante detalles, da por hecho que el espectador es lo suficientemente inteligente para saber interpretar lo que allí ocurrió y que hay que condenarlo. La película también muestra cómo la ideología nazi corrompió no solo las acciones de los individuos, sino también su sentido de humanidad.

La zona de interés se atreve a tocar temas incómodos y tabúes, cuestionando la naturaleza misma del mal y desafiando al público a reflexionar sobre la responsabilidad individual en tiempos de atrocidades. La sátira se convierte en un espejo inclemente que refleja la capacidad humana para justificar y participar en actos inhumanos cuando se adscribe a una ideología despiadada. La película de Glazer es una obra cinematográfica audaz y desafiante que se sumerge en la oscura realidad del Holocausto a través de la mirada de los ejecutores. La incomodidad temática y riesgo en la dirección con insertos oníricos da como resultado una cinta de difícil accesibilidad a priori pero necesaria de ver más allá de solo lo estrictamente cinematográfico.

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